2007-04-30

Estocolmo (I)

Mis queridos amigos ya lo sabían, y hasta me odiaban un poquito por ello. A mi me causaba emociones contrapuestas. Por un lado la ilusión y la emoción de conocer un lugar nuevo interesante y cargado de historias. Por otro perderme ciertas cosas que pasan muy de vez en cuando.

Fue así que despegó el avión con un sabor agridulce y aterrizo con mucha mano izquierda.
La ciudad continuaba con las incoherencias. Laaargas horas de sol pero con luz vestida de blanco pálido (o blanco roto ... según quien lo mire), no demasiado frío pero un viento que no respetaba los el sentido último de la ropa que nos abrigaba.

Como tantas cosas era cuestión de no mirarlas con los ojos. Quería, pedía y hasta exigía que la sintieses. Poco a poco se impregnaba el sentido vikingo de fortaleza y lucha, entonces aparecían las ganas de beber cerveza ... y cobraba sentido el irregular empedrado de las calles que le llevan a uno hasta el Báltico. Comenzaba a ver las cosas de otro modo y las cosas se mostraban de otra manera.

En Estocolmo todo parece estar pensado para ser, al menos, ligeramente diferente. El gusto
por el diseño se palpa y hasta casi te dejas palpar por él. Calles anchas, casas bajas, árboles abundantes y agua pro doquier: bajo el cielo y sobre la tierra.

La ciudad donde los espiritus del aire, el agua y la tierra parecen no querer jugar con el fuego. Fuego que has de poner tú.

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