2007-09-05

Bruselas, o tal vez no.


Una vez más, el aeropuerto y el tiempo cambiante de Bruselas. Es una ciudad en la que, aun habiendo estado muchas veces, nunca me pareció espectacular ni me he sentido completamente cómodo. Sin embargo, me va ganando poco a poco y cada vez que la visito me siento más y más a gusto en ella.
Ciudad cosmopolita, casi por necesidad, afortunada por ubicación y atípica por condición. Resulta tan extraña como sus manjares famosos: los bombones de chocolate, los gofres y los mejillones. Sus edificios y lugares representativos, tan distintos y dispares, son un reflejo de lo que es, una amalgama que no cristaliza pero en la que los componentes no se separan. Decepción, admiración curiosidad y sorpresa son fuego aire agua y tierra en este lugar. Ya la señales de sus calles en lenguas tan dispares como el flamenco y el francés te saludan con ambigüedad, la "Grand Place" (Gran Mercado) o la Catedral de San Miguel y Gudula nos asombran, mientras el Manneken Pis nos deja perplejos.

Aún no se si me gusta o no, no se si lo sabré, pero, mi curiosidad quisiera averiguarlo.
Bon soir Bruxelles, et rêves doux.