2008-02-25

El infierno es un aeropuerto ... (I)

Cuando uno se plantea ir a la otra punta del mundo, sabe que no será tarea fácil y, sorbe todo, que va a ser un viaje muuuuy largo.

El viaje comenzó con un poco de mal pie, cuando el auto-check-in no funciono como se esperaba. Bueno en cierto modo si, ya que no hizo que tenia que hacer sino que, simplemente se quejo diciendo un "no me figura". Por suerte, una amable empleada de Britsh Airways me ayudo con el problema porque, tal y como dijo, "le había caído bien" (ventajas de ser el único que dice "buenas tardes" antes de pedir ayuda). Su estimado compañero del mostrador hizo graves esfuerzos para lograr entregarme una tarjeta de embarque pero, como la Electronic Travel Authority australiana no quería reconocer el visado, acabo haciéndole una tarjeta de embarque escrita a mano. He visto cosas exóticas, pero esta supera a muchas.

Por fin, me dirijo hacia las hordas de vigilantes jurados que flanquean el acceso a la zona de embarque donde, en medio del follón provocado por la gente que no espera a que le den paso y una mama exigiendo ayuda para meter el carrito del niño por la maquina de rayos X, un individuo pasa delante mía mientras el arco detector de metales grita desesperado pero nadie le escucha. Seguridad, en esta ocasión, eufemismo de locura mezclado con estupidez.

El vuelo sale con quince minutos de retraso. Todo un lujo, ¡solo 15 minutos!. Volamos hacia Londres ... ¿nos esperara la niebla?. Me temo que no, lo pude comprobar mientras el avión daba 4 vueltas hasta recibir la noticia de que disponía de un hueco para aterrizar. Toma de tierra: el becario de piloto nos muestra como no debe aterrizar un avión de pasajeros. Suerte que previamente nos había prevenido con una maniobra que hizo palidecer hasta a los mas valientes y experimentados. Para recuperarnos nos ofrecen una espera de mas de 45 minutos, encerrados en el avión, mientras el aeropuerto de Heathrow asigna una puerta a nuestra aeronave. Pero ... el lugar destinado a estacionar esta ocupado por un avión de Finnair que no consigue salir fecalmente, otros 15 minutos. Una vez nos deja sitio, la pasarela se niega a cooperar ofreciéndonos otros 20 minutos de espera.

Londres, por fin. Aun queda el tramo mas largo pero, desde luego, esto promete.

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