2008-11-05

La centrífuga

Durante mis años universitarios, y en muchas de las prácticas de laboratorio que los estudiantes de Ciencias Químicas teníamos que realizar, empleé un aparato llamado Centrífuga. Eran tiempos en los que las clases empezaban a las 8:00 y las prácticas terminaban a las 20:00 y se disponía de entre una y media hora para comer. La sensación que tenía durante aquellas maratonianas sesiones era como la de los compuestos que ponia en la centrífuga: a presión de las tareas a realizar te aplastaba contra el cristal y apenas quedaba tiempo para respirar. Dormir, trabajar, comer, trabajar, dormir. Secuencia homogénea y capicúa en la que estabamos girando esperando que una mano amable pulsase el botón de parada. Para agravar la cosa, yo trabajaba de becario en las aulas de informática o en el servicio de cartografía de la UAM (dos lugares de los que guardo muy buenos recuerdos), asi que la centrífuga rotaba incluso más rápido.

En los últimos meses he vuelto a tener la sensación de estar otra vez, un poco, dentro de la centrífuga. Menos mal que esta vez el botón lo puedo pulsar yo, aunque solo sea durante una semana, y tomarme unas vacaciones.

2008-11-02

Miss Celofán

¿Has visto la película Chicago?, si, ese musical que protagonizan las guapísimas Catherine Zeta-Jones (Velma Kelly) y Renée Zellweger (Roxie Hart). A decir verdad, se supone que Richard Gere también protagoniza el film. Tremendas canciones, especialmente la titulada "And All That Jazz", una composición impresionante con una magnifica interpretación (¡bravo por Zeta-Jones!). Y, sin embargo, el personaje que más profundo me tocó no fue ninguno de los protagonistas, sino el que tocó en suerte a un grandísimo actor al que conocemos por ser un gran actor de reparto: John C. Reilly. Hace de Amos, el marido simple, tranquilo y amoroso de Roxie. Tiene su mejor momento cuando canta la canción Mr. Celofán. Ah! Oh! ... como diría mi abuela, "se puede decir más alto ...".

Por otro lado, y a pesar de que mis conocimientos de Francés están entre el nivel nulo y el inexistente, llegue hasta el blog de Anna Sam: Las tribulaciones de una cajera. Fue a través de la contraportada de algún periódico de tirada nacional, aunque alguien me había hablado de ella. ¿Que de qué va?, sencillo: los problemas de ser una cajera de supermercado, aun habiendo hecho méritos, que se supone que esta sociedad reconoce, como lograr una Licenciatura en Literatura Francesa. En su trabajo su personaje podría, tranquilamente ser, Miss Celofán.

¿A donde quiero llegar?. Mi identificación con estos personajes surge como resultado de las muchas horas que he trabajado de camarero. Es un trabajo digno y de escaso reconocimiento en el que has de lidiar con el cliente siempre en inferioridad de condiciones. Es un trabajo que solo se nota cuando se hace mal, como el de administrador de sistemas, y aunque en este se pueden recibir propinas, normalmente el mérito se lo llevan en cocina. En todos los casos, el trato al que me refiero es aquel que hace que la persona no tenga consideración como tal.

Por eso, desde este recóndito y desconocido sitio de la red, pido a todo el mundo que procure ser más humano, más amable, más cercano y más comprensivo con aquellas personas que trabajan prestándonos un servicio.

¡Ah!, y a los que lo prestan, ¡a ver si nos esmeramos!.