2008-11-05

La centrífuga

Durante mis años universitarios, y en muchas de las prácticas de laboratorio que los estudiantes de Ciencias Químicas teníamos que realizar, empleé un aparato llamado Centrífuga. Eran tiempos en los que las clases empezaban a las 8:00 y las prácticas terminaban a las 20:00 y se disponía de entre una y media hora para comer. La sensación que tenía durante aquellas maratonianas sesiones era como la de los compuestos que ponia en la centrífuga: a presión de las tareas a realizar te aplastaba contra el cristal y apenas quedaba tiempo para respirar. Dormir, trabajar, comer, trabajar, dormir. Secuencia homogénea y capicúa en la que estabamos girando esperando que una mano amable pulsase el botón de parada. Para agravar la cosa, yo trabajaba de becario en las aulas de informática o en el servicio de cartografía de la UAM (dos lugares de los que guardo muy buenos recuerdos), asi que la centrífuga rotaba incluso más rápido.

En los últimos meses he vuelto a tener la sensación de estar otra vez, un poco, dentro de la centrífuga. Menos mal que esta vez el botón lo puedo pulsar yo, aunque solo sea durante una semana, y tomarme unas vacaciones.

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